30 oct. 2010

Escalofrío.


Apenas dormí esa noche, ya venía siendo costumbre la verdad, pero aquella mañana me costó aun más despertar, no hablo de levantarse de la cama y eso, sino de despertar, de ser consciente de que no iba a volver a estar entre las sabanas hasta la noche y que debía aprovechar el día. No desayuné, nunca lo hago, desde pequeñito. Me vestí con la ropa de la tarde anterior, cogí la mochila y caminé como cada mañana a clase, hacia un frio que pelaba, pensé que si escupía en el suelo antes de caer se congelaría, así que no lo hice por si se me pegaba a la lengua, a veces, demasiado a menudo, soy así de estúpido, no es mi culpa. Era muy temprano, la hora margen, unos iban de trabajar y otros volvían de juerga, y siempre los trabajadores miraban con desprecio a los que volvían a casa mientras se decían lo impresentables que eran los otros. Yo también debí mirar con desprecio, como mínimo, al conductor que triplicaba la tasa de alcoholemia y se estrelló contra el escaparate de una zapatería, llevándome a mí por delante. La gente habla sobre una luz cuando mueres, en mi caso fue verdad, los dos focos me cegaron y no volví a ver nada más.
Apenas dormí esa noche, como de costumbre. Tardé en despertar, ya saben de lo que hablo, y sin nada en el estómago agarré la ropa del día anterior, me colgué la mochila y me fui. Me estaba helando, no escupí porque estaba seguro de que se congelaría, era muy temprano, el alcohol había hecho un gran efecto en muchos conductores, de hecho uno perdió el control de su coche, justo a la altura de la zapatería de mi calle, me cegó con las luces, pero no pasó nada, aunque seguro que despertó a más de un vecino con el frenazo que pegó. Me dio un escalofrío después de eso, hacía mucho frío. Miré el reloj y llegaba bastante tarde, así que apresuré el paso, decidí tomar un atajo por un callejón cercano, no solía hacerlo por miedo, la verdad, no destaco por valiente, pero tengo mis razones, sino esperen. Apenas llegaban un par de reflejos del amanecer a aquel condenado lugar, apresuré aun más el paso, pero nunca salí de allí. Me interceptaron, de hecho creo que le conocía, pero era difícil recordar con tan poca luz. Todo pasó muy rápido. Me pidió todo lo que llevaba. Me negué. Me puse violento, no debería de haberlo hecho. Siempre escuché que no te das cuenta de un navajazo hasta que termina la pelea, y es cierto. No lo sentí, pero vi la sangre. Mi asesino también debió verla, se largó. Joder, ahora sí que hacía frio.
Apenas dormí esa noche, algo normal en mí. Tardo en despertar, adaptarme al mundo, no ayuda el no desayunar y el ir siempre con prisas cada mañana, la verdad. Cogí la ropa de la silla y la mochila y me fui. Hacía mucho frío, no se creerían cuanto, hasta se congelaría si escupiera, estoy convencido. Era el mismo camino de todos los días, la cafetería, la carnicería, la zapatería… sentí un escalofrío al pasar por ahí, no sé por qué. Miré el reloj, llegaba realmente tarde, pensé en atrochar por el callejón, pero al llegar me dio un escalofrío, no soy muy valiente, ya saben. Así que pensé que daba igual por un día más que fuera tarde, pero no fue para tanto, llegué casi a tiempo, me dolía la garganta y tenía flato, pero llegué. No aproveché mucho la mañana. En física trabajamos en problemas de movimientos circulares, todo el tiempo lo mismo, pasas por un punto, vuelves a pasar y vuelves a pasar… Debe ser deprimente ser un punto de esos. En filosofía hablamos de la idea de que todo en esta vida vuelve, participé mucho en la clase, nadie lo tenía tan claro como yo. Al menos llegó la hora de gimnasia. Yo llevaba el balón, lo bote dos veces y miré a canasta, me crecí, tres pasos y me colgué del aro, no hace mucho que puedo hacerlo, hace poco que pegué el estirón y ahora exploto mucho esta nueva habilidad. Aun la tengo que mejorar. Me escurrí, el frío había mojado el aro, vi todo al revés y caí con la cabeza. El partido terminó, por lo del forense y eso, pero ganamos.
Apenas dormí esa noche, estoy acostumbrado. De camino a clase sentí un escalofrío al pasar por la zapatería, se me ha olvidado deciros que hacía un frío terrible, tanto que al pasar a la altura del callejón cercano me dio otro. Llegaba tarde así no me volvió a dar ninguno más, iba rápido y comencé a fatigarme. Llegué a clase, tarde por supuesto, pero algo razonable. El día comenzaba con física, movimientos circulares. Pensaba que no, pero los recordaba bastante bien, del año pasado imagino. En Filosofía se trató sobre las vueltas que da la vida y eso, no me interesó mucho, hacía poco tiempo que había tenido esa conversación, pero no recordaba con quién. Por fin llegó gimnasia, tenía yo ganas. Llevaba el balón, lo boté dos veces y miré a canasta, me lancé un triple. Fallé. Tendría que haber hecho el mate. Me dio un escalofrío, seguía soplando mucho aire. La clase terminó, preferí quedarme, tirar unos cuantos tiros solo. ¿Ya os dije que soy bastante cobarde? Me niego a salir de aquí, no pienso pasar otra vez por lo mismo, aunque siento interés por saber que me ocurrirá esta vez.

3 comentarios:

marta pug dijo...

que paranoya¡¡¡¡

no se que tiene pero me gusta vaya, es de esa clase de cosas extrañas que no sabes porqué pero te gustan.


Lo i portante esquw volviste a ctualizar jeejejej, menos mal que no es autobiográfico.

Irene Bebop dijo...

Sueño dentro de sueño dentro de sueño dentro de sueño, ¿estaremos soñando ahora mismo? :)

RUTINA BLOGUERA YAAAAAAAAAAAA

Kayl dijo...

Mejor que sueño dentro de sueño que sea bucle temporal sin fin, vaya a ser que me denuncien los de Origen chiquilla jeje

PD: Intentaré actualizar con mayor frecuencia, lo intentaré, pero no prometo nada.