31 mar. 2012

31 de Marzo

El sistema actual nos enseña que triunfar en la vida es lograr destacar económicamente sobre el resto, permitidme que discrepe, ese no es el objetivo que tengo marcado. Para mí triunfar sería destacar en lo humano, en lo racional y en lo que veo de sentido común. En lo social, palabra tan olvidada últimamente. Creo que hay dos caminos para conseguirlo, o más bien tengo dos ejemplos que seguir. El primero es mi abuela, de la que siempre decimos que nada es suyo, incluso en los peores momentos como ahora. Estoy seguro que si todo el mundo tuviera una pequeña parte de esa amabilidad y falta de egoísmo el mundo sería un poco mejor, puedo apostar todo lo que tengo sin que me tiemble el pulso. La segunda persona que tengo como ejemplo no llegué a conocerla, pero me hubiera encantado. Durante algunos años solo tenias que llamar a la puerta de enfrente de mi abuela para hablar con él, ese bloque es muy importante para mi. Ildefonso Jiménez, cofundador de Comisiones Obreras de Córdoba, sindicalista de los de verdad, otra persona que vivió para los demás, otra persona digna de respetar por cualquiera de la que hoy me acuerdo en el aniversario de su muerte.
Cada uno a su forma, en el barrio o en el partido, para los suyos o para todos, a ambos les recordaremos por su gran corazón. Ese es mi objetivo en la vida, seguir uno u otro camino, pero no desviarme.

No sigo escribiendo porque no puedo más, la verdad.

4 abr. 2011

God may cry


Paseaba yo, como de costumbre, sin rumbo fijo, no sé cómo pero llegué, no me lo pregunten, no quiero saberlo, simplemente llegué. No había carteles ni el típico mapa con el “usted está aquí”, sin más lo sabes, sabes que estás en el cielo. No me creo muerto, por eso no quiero saber cómo llegué.
Nada de ángeles, nada de un buen recibimiento con una gentil sonrisa, nada de andar sobre nubes de algodón, la verdad es que una sala tan oscura no es como me imaginé el lugar, apenas veía la punta de las zapatillas. La luz se repartía en ciertos objetos, solo iluminando lo que tuviera relativa importancia, yo no debía de tenerla. Era como si todo tuviera miedo a destacar frente a aquella puerta. Gigantesca y con detalles dorados, era lo único iluminado completamente en la habitación. Estaba entreabierta, así que me acerqué. Pegué el ojo a la madera para cotillear dentro y le vi, allí estaba, Dios, sentado en un rincón de la habitación, hundido en un sillón, mirando por la ventana. Siempre le había visto representado como un hombre corpulento, de larga barba blanca pero dejando ver una gran sonrisa, alguien que desbordaba paz y tranquilidad a todo el que le rodea. Ni de coña. De corpulento nada, ni siquiera entradito en carnes, estaba demacrado, se le marcaban todos y cada uno de los huesos, se clavaban como cuchillos en el sillón. Arropado por una toga completamente negra, invadida por la suciedad, y muy holgada, como cuando un niño se pone la ropa de su padre. Pelo y barba blanca, sí, el poco que le quedaba, apenas crecían pequeños mechones, cuatro o cinco en toda la cabeza. Sus ojeras eran tan grandes como debiera ser su sonrisa. Miraba al mundo con la cara más triste que nunca vi, musitando frases:

No la mates, es tu esposa. No le robes es una anciana. No la toques, solo es una niña…

30 oct. 2010

Escalofrío.


Apenas dormí esa noche, ya venía siendo costumbre la verdad, pero aquella mañana me costó aun más despertar, no hablo de levantarse de la cama y eso, sino de despertar, de ser consciente de que no iba a volver a estar entre las sabanas hasta la noche y que debía aprovechar el día. No desayuné, nunca lo hago, desde pequeñito. Me vestí con la ropa de la tarde anterior, cogí la mochila y caminé como cada mañana a clase, hacia un frio que pelaba, pensé que si escupía en el suelo antes de caer se congelaría, así que no lo hice por si se me pegaba a la lengua, a veces, demasiado a menudo, soy así de estúpido, no es mi culpa. Era muy temprano, la hora margen, unos iban de trabajar y otros volvían de juerga, y siempre los trabajadores miraban con desprecio a los que volvían a casa mientras se decían lo impresentables que eran los otros. Yo también debí mirar con desprecio, como mínimo, al conductor que triplicaba la tasa de alcoholemia y se estrelló contra el escaparate de una zapatería, llevándome a mí por delante. La gente habla sobre una luz cuando mueres, en mi caso fue verdad, los dos focos me cegaron y no volví a ver nada más.
Apenas dormí esa noche, como de costumbre. Tardé en despertar, ya saben de lo que hablo, y sin nada en el estómago agarré la ropa del día anterior, me colgué la mochila y me fui. Me estaba helando, no escupí porque estaba seguro de que se congelaría, era muy temprano, el alcohol había hecho un gran efecto en muchos conductores, de hecho uno perdió el control de su coche, justo a la altura de la zapatería de mi calle, me cegó con las luces, pero no pasó nada, aunque seguro que despertó a más de un vecino con el frenazo que pegó. Me dio un escalofrío después de eso, hacía mucho frío. Miré el reloj y llegaba bastante tarde, así que apresuré el paso, decidí tomar un atajo por un callejón cercano, no solía hacerlo por miedo, la verdad, no destaco por valiente, pero tengo mis razones, sino esperen. Apenas llegaban un par de reflejos del amanecer a aquel condenado lugar, apresuré aun más el paso, pero nunca salí de allí. Me interceptaron, de hecho creo que le conocía, pero era difícil recordar con tan poca luz. Todo pasó muy rápido. Me pidió todo lo que llevaba. Me negué. Me puse violento, no debería de haberlo hecho. Siempre escuché que no te das cuenta de un navajazo hasta que termina la pelea, y es cierto. No lo sentí, pero vi la sangre. Mi asesino también debió verla, se largó. Joder, ahora sí que hacía frio.
Apenas dormí esa noche, algo normal en mí. Tardo en despertar, adaptarme al mundo, no ayuda el no desayunar y el ir siempre con prisas cada mañana, la verdad. Cogí la ropa de la silla y la mochila y me fui. Hacía mucho frío, no se creerían cuanto, hasta se congelaría si escupiera, estoy convencido. Era el mismo camino de todos los días, la cafetería, la carnicería, la zapatería… sentí un escalofrío al pasar por ahí, no sé por qué. Miré el reloj, llegaba realmente tarde, pensé en atrochar por el callejón, pero al llegar me dio un escalofrío, no soy muy valiente, ya saben. Así que pensé que daba igual por un día más que fuera tarde, pero no fue para tanto, llegué casi a tiempo, me dolía la garganta y tenía flato, pero llegué. No aproveché mucho la mañana. En física trabajamos en problemas de movimientos circulares, todo el tiempo lo mismo, pasas por un punto, vuelves a pasar y vuelves a pasar… Debe ser deprimente ser un punto de esos. En filosofía hablamos de la idea de que todo en esta vida vuelve, participé mucho en la clase, nadie lo tenía tan claro como yo. Al menos llegó la hora de gimnasia. Yo llevaba el balón, lo bote dos veces y miré a canasta, me crecí, tres pasos y me colgué del aro, no hace mucho que puedo hacerlo, hace poco que pegué el estirón y ahora exploto mucho esta nueva habilidad. Aun la tengo que mejorar. Me escurrí, el frío había mojado el aro, vi todo al revés y caí con la cabeza. El partido terminó, por lo del forense y eso, pero ganamos.
Apenas dormí esa noche, estoy acostumbrado. De camino a clase sentí un escalofrío al pasar por la zapatería, se me ha olvidado deciros que hacía un frío terrible, tanto que al pasar a la altura del callejón cercano me dio otro. Llegaba tarde así no me volvió a dar ninguno más, iba rápido y comencé a fatigarme. Llegué a clase, tarde por supuesto, pero algo razonable. El día comenzaba con física, movimientos circulares. Pensaba que no, pero los recordaba bastante bien, del año pasado imagino. En Filosofía se trató sobre las vueltas que da la vida y eso, no me interesó mucho, hacía poco tiempo que había tenido esa conversación, pero no recordaba con quién. Por fin llegó gimnasia, tenía yo ganas. Llevaba el balón, lo boté dos veces y miré a canasta, me lancé un triple. Fallé. Tendría que haber hecho el mate. Me dio un escalofrío, seguía soplando mucho aire. La clase terminó, preferí quedarme, tirar unos cuantos tiros solo. ¿Ya os dije que soy bastante cobarde? Me niego a salir de aquí, no pienso pasar otra vez por lo mismo, aunque siento interés por saber que me ocurrirá esta vez.

27 feb. 2010

¡Al Abordaje!


Soy un pirata en este mundo no llevo pata de palo, llevo Jordan en mis pies aunque salga algo más caro, sin pañuelo en la cabeza que oculte cada idea y sin parche en el ojo para que no haya nada que no vea.

Mi barco es de papel y dejo que me lleve el viento, Eolo de timonel y de capitán el tiempo, viaje sin contratiempos ni mensaje, chocamos con las nubes y ¡al abordaje!
El viento golpea mi cara mientras observo el mar que surco, demasiadas cosas raras para un mundo tan absurdo, tantas contradicciones, oposiciones y pocas canciones que hablen optimista, solo desamor desde el mismo punto de vista. No quiero loros en mi hombro que solo sepan repetir cada frase que me oyen decir sin más, vivir sin personalidad y seguir a toda la gran masa mundial. Como garfio únicamente mi de dedo medio bien alzado para todo el que ha aceptado que este mundo tan deprimente lo dirija siempre la misma gente. De repente, me veo navegando en este mar social contra viento y marea surcando cada tempestad, donde escasa la solidaridad y todo el que piense diferente es un rival. Con mi viejo catalejo quedo perplejo, pues este mundo no es lo que esperaba, ni de lejos.

Veo críos felices que por el suelo se están revolcando, sin saber que desde el cielo dos malditos aviones les están bombardeando.
Hinchas de un equipo todos juntos gritando, parece que animan pero el autobús contrario están apedreando.
Dos personas en la cama provocando con sus cuerpos un incendio, enserio, nada sería igual si no hubiera dinero de por medio.
Una modelo que pasea, es la princesa del reino, para ella siempre es primavera y mira a todos por encima del hombro como en una pasarela.
Da pena, ver niños muriendo de hambre, mientras otros lloran porque no le ha comprado la última consola su padre.
Charcos de sangre en torno a un pobre animal mientras toda la plaza no deja de vitorear al asesino con disfraz de valiente galán.
Chavales ilusionados que un futuro no tendrán, y todo por el racismo y la violencia policial.
Gente azotada por inundaciones llorando por sus males, eso es por construir en cuencas de ríos en parcelaciones ilegales, y encima querrán que se lo paguen.
Es normal que los delincuentes sean los que más ganen, aunque sea lamentable, si tráfico de armas, drogas y prostitución son los negocios más rentables.
Sé amable y prudente con quien tengas enfrente pues puede acabar contigo de repente y fácilmente.

Al mundo no le gusta el uso que a su suelo se le está dando, por eso muchos dicen que se está vengando, no mintáis solo tenéis lo que os estáis buscando, el fin poco a poco llega, se está acercando.

8 feb. 2010

Preocupaciones


El aire cargado de humo entraba en sus pulmones, el olor a gasolina derramada en la carretera le recordaba a su infancia y a esos juegos en callejones entre cristales rotos y basura. La oscuridad nocturna hacía tiempo que inundaba las calles indefensas por las farolas rotas, apenas funcionaban un par en toda la vía y parpadeaban agónicamente resistiéndose a dar lo que sería su último resplandor.
Estaba solo, hacía pocas horas que había llegado a la ciudad y por fin aceptó que se había perdido, no tenía donde dormir y nadie a quien preguntar. La calle estaba desierta, apenas se escuchaba el sonido de alguna persiana rota golpeando con el cristal por el intenso aire que aquella noche se levantaba, siendo agradable al principio después de tanto tiempo vagando por aquel laberinto de ladrillo mal señalizado, pero que a esas horas empezaba a congelar las manos y a meterse en los huesos. Aquella situación le ponía nervioso, los casos de asesinatos y atracos violentos que tantas veces había ignorado en televisión ahora atacaban sus pensamientos en flashes, cada esquina de aquella calle parecía esconder algún desgraciado que reaccionaría violentamente a causa del mono o un ladrón sin escrúpulos dispuesto a que un hierro oxidado fuera un nuevo inquilino en su abdomen. El sudor frío le caía por la punta de la nariz haciendo ondas en un charco de gasolina al impactar con el asfalto, la sensación de agobio no le dejaba pensar y unos intensos pinchazos en la sien le torturaban. Un repentino e intenso calor ganó la batalla al aire callejero haciendo que la chaqueta fuera un estorbo tal que casi le quemaba. Los ojos se iban con cada pequeño resplandor de una ventana y los sobresaltos eran continuos con cada ruido. Aquella calle no podía estar desierta, algo ocurría, las cosas no iban bien, lo presentía y tenía la imperativa necesidad de huir de aquel lugar, rápido, mucho más de lo que nunca hubiera corrido, estaba seguro que, fuera quien fuera, desde algún rincón del interminable callejón le observaba , le perseguiría y no iba a dejarlo escapar. Las piernas se le paralizaron, intentó farfullar algo, pero su voz no estaba dispuesta a abandonar la segura oscuridad de su garganta. Un par de segundos se convirtieron en eternidades, en un caos de pensamientos irracionales y de escenas macabras, todo con un fondo de un intenso rojo sangre. Tras el bloqueo corrió, huyó de aquella muerte segura sin valor para mirar atrás, le estaban persiguiendo, seguro, casi podía notar la respiración de su asaltante intentando darle caza, quiso acelerar pero no podía más, sentía como si las piernas quisieran escapar cada una por su lado. Cayó al suelo pero se levantó sobresaltado apoyándose en unos cristales rotos, por la muñeca descendía un caudaloso río de sangre, pero no podía parar, lo tenía encima y la cabeza le iba a estallar.
Por fin el final de la calle, alguien debía haber allí, necesitaba ayuda, no podía seguir corriendo, entró con las últimas fuerzas en la intersección de la calle y la luz de un coche le cegó. El último momento de ligera consciencia fue justo antes de que su cabeza impactara violentamente contra el bordillo de la acera de aquella inocente calle.



Como dijo el filósofo:
"Don't worry baby que no pasa na, levanto la mirada y vuelvo a la realidad...
Es dificil lo sé, muchas crisis pasé, pero son mas fuertes las ganas de volar..."

16 ene. 2010

Princesas


Blancanieves se prepara para salir de marcha y ser la reina de la sala. Falda que enseña más de lo adecuado, tacones de aguja son centímetros de regalo y como broche final un wanderbra que impida respirar, así todos sabrán donde tienen que mirar. Una vez preparada y excesivamente pintada, llega al local algo más tarde de la hora acordada. En la barra liga con el camarero así que hoy ya tiene quien le invite al primero. Acaba de llegar pero ya está lista y se pone a bailar en el centro de la pista, se le empiezan a acercar y rozar pero a ella no le parece importar. Rodeada de sus animales que babean mientras ella deja que crean que podrán llegar a tocar su piel clara, pero hoy se quedarán con las ganas. En una esquina encuentra lo que estaba buscando, así que avanza mientras a la gente va apartando. El vicio y la tentación enfrente, inerte, encapuchado como la muerte. Él le entrega la bolsa envenenada, Blancanieves ya tiene su manzana.
¿Y tras pagar para que esperar?, se vuelve para bailar después de dos pastillas tomar. De nuevo en el centro de la pista se da cuenta que nadie le pierde de vista, le gusta que le insistan la panda de estereotipos narcisistas. La chica rodeada de sus siete enanos, ahora en forma de negros musculados. Elige el que le gusta más, escoge a uno casi mudo ella no viene para hablar. Se acerca cada vez más, no puede disimular en cómo este encuentro va a acabar. Le echará las culpas a su juventud y sin preguntar se va con su príncipe azul. Salen del local y tras mirar a cada lado y disimular se pierden en la noche y van directamente al coche, no conocen sus nombres, ni siquiera donde están pero la vida son dos días y los hay que disfrutar. Sobre él se coloca, le arranca la camisa como una loca y se lanza hacia su boca. La ropa interior rápidamente baja, son utilidades de tener tan corta la falda. Simplemente se dejan llevar mientras se poner a gritar, sus uñas clava, él la alaba mientras rendida cae en su cuello pero él no se preocupa por ello. Una vez todo acabado, el príncipe se da cuenta de lo que ha pasado. Blancanieves dormida está ya nunca más despertará.

Hoy en día los cuentos no tienen final feliz, ya nadie los quiere escribir. Las princesas se perdieron, dentro de este estercolero. Los castillos se derrumbaron, todo ha cambiado.

Es normal que Cenicienta su vida deteste, desde pequeña maltratada esta bella joven del este. Huérfana de madre, alcohólico el padre, desde niña no entiende por qué no la quiere nadie. Recién cumplida la mayoría de edad le invitan a un viaje a una supuesta libertad, ¿cómo no iba a aceptar? Ilusionada con ese país lejano se dice por lo bajo esto no es un trabajo es un regalo. Ya en otro continente quiere ver su nueva ciudad pero tiene algo pendiente y no la dejan escapar, le hablan sobre clientes y le presentan a la madame. No entiende nada, se siente engañada, Cenicienta está acorralada.

El uniforme es una falda nada más y unos zapatos transparentes como el cristal. Después de cada trabajo se consuela agazapada en la cama llorando, se vuelve a duchar, pero no puede quitarse esa sensación de suciedad, tiene que hacer algo. Piensa en escapar, ya no puede más, mejor morir a sufrir tal crueldad. Para poder escapar diariamente reza, estos días ha cogido confianza con la madame y para su sorpresa le promete que le ayudará. La chica llora de la emoción, podrá salir de su prisión, se acabará el soportar tanta humillación. Lo que Cenicienta no adivina es la verdad de su nueva hada madrina. La mujer le invita a pasar a su cuarto y al entrar recibe en la nuca un impacto, cae mareada, despierta maniatada tirada en la cama. Le tapa la boca con la almohada mientras es golpeada, lo último que verá su mirada es el reloj marcando la media noche. Cenicienta no sufrirá más, el cuento llega a su final.

13 ene. 2010

De nuevo en casa

Los años pasan y no de largo. Bien es cierto que todo está como empezó, de nuevo en casa, mis calles, mi cuarto, mis cosas… Aunque no todo sigue igual, pues en mi habitación ya no existe el único sonido de unos cascos demasiado altos toda la tarde, ahora también hay un bicho dando vueltas mientras roe los muebles nuevos, para disgusto de mis padres que aun los están pagando. Ahora todo es mucho más tranquilo, se acabaron los gritos por los pasillos y mis días en los que ni me levantaba de la cama. Estos dos años es como si hubiera estado en la Caverna de Platón, no porque llegara a entender en su día el significado del libro en las clases de filosofía, sino porque para poder aprobar tenía que aguantarlo por huevos y era una mierda, básicamente.

Ahora todo es mucho mejor, ya no miro con cara de asco a la gente en los descansos entre asignaturas, de hecho creo que nadie me cae mal de la clase, cosa que nunca había experimentado en la vida, la verdad. Aunque lo más extraño de todo es esa sensación de satisfacción cuando apruebas un examen, ya ni la recordaba, es verdad que todo es mucho más fácil que en estos años, pero me sirve, así que no me joda nadie la ilusión por favor.
Así que nada, por si a alguien le interesa, esa especie de depresión de estos años queda olvidada.



Como dijo el filósofo:
“No dudes que es duro salir a flote en el mar de tus inquietudes, crisis de ansiedad, inseguridad, harán que dudes”